La lluvia de inversiones que prometió el ex ministro Prat Gay a poco de asumir, cuando anunció la devaluación y el pago a los fondos buitre, no llegó nunca y nada hay en el horizonte cercano que indique su próxima llegada. En su lugar lo que hay es una fuga de divisas descontrolada.

Sólo en 2017 se fugaron del país 22 mil millones de dólares en atesoramiento y otros 10 mil millones en turismo de acuerdo con el informe del Banco Central de la República Argentina, es decir que se trata de datos oficiales despojados de cualquier intencionalidad política.

En el mes de diciembre se perdieron 5515 millones de dólares brutos por compras del sector privado y la fuga fue de 2737 millones en números netos, uno de los niveles de fuga más elevados desde agosto de 2009, cuando estalló la crisis financiera internacional.

El informe también revela un fuerte aumento de la fuga de capitales por ahorro, pero también del rojo del turismo, de la salida de divisas por giro de utilidades y la falta de inversiones extranjeras directas, que se ubican en niveles idénticos a los registrados hasta 2015.

Las inversiones extranjeras directas sumaron 299 millones de dólares en diciembre y acumularon 2497 millones en el año. La cifra resulta muy baja cuando se la compara contra el ingreso de inversiones de portafolio, que en lugar de tener fines productivos se destina a comprar instrumentos financieros de corto plazo como las Lebac.

Este desajuste de las cuentas externas acumulado desde el año pasado compromete, según economistas, las posibilidades de crecer en el mediano y lago plazo.

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