Mientras en Brasil Odebrecht vivía el peor momento de su historia, con la detención del presidente de la compañía y sus principales directivos por conformar una red de sobornos para quedarse con contratos de obras públicas, desde la Argentina, más precisamente desde la provincia de Córdoba, llegaban buenas noticias: en sociedad con la China Petrolum Bureau los brasileños se quedaban con un tramo importante de los gasoductos que licitaba la provincia mediterránea.
El Gobierno peronista del eterno José Manuel De la Sota, alineado a Sergio Massa, consumía sus últimos días sin disimular su objetivo: dejar la prometida construcción de gasoductos lista. Era julio de 2015, pronto Juan Schiaretti lo sucedería (una vez más) pero el “Gallego”, de amplia agenda en el país vecino desde que fue embajador durante el menemismo, no quería dejar nada librado al azar. Mal podía imaginar en ese momento la zozobra que aquel contrato le provocaría sólo dos años después.
La adjudicación de la obra estuvo seguida de una polémica pública con Techint, principal grupo constructor de nuestro país y a su vez fabricante de tubos sin costura, puso el grito en el cielo al enterarse de que la obra de gasoductos más importante del mercado local utilizaría caños chinos. Casi un sacrilegio para Paolo Rocca, ferviente defensor de la industria nacional, a pesar de que sus últimas inversiones fueron para crear empleo en Estados Unidos.
El problema es que los chinos financian las obras con la condición de que se le compren a sus acerías los tubos. En el esquema, distintas empresas constructoras se reparten los tramos. Lo curioso es que ahí están Odebrecht, Electroingenería (a la que siempre se vinculó al subsecretario Legal del kirchnerismo Carlos Zaninni) e IECSA, la empresa que hasta hace pocas semanas formó parte del Grupo Macri.
La fuerte presión de los lobbistas de Techint, (fundamentalmente de Luis Betnaza, sponsor de Ernesto Sanz y que supo tener trato muy amable con funcionarios K), lograron que una parte se le compre a la compañía fundada por Agostino Rocca, a un precio presuntamente conveniente. Nadie sabe quién puso la diferencia, si los contratistas o las malogradas arcas del gobierno provincial.
Al momento, el repaso de las obras que realizó o lleva adelante Odebrecht en Argentina dejó de lado la aventura cordobesa e incluso sólo se habla del soterramiento del ferrocarril Sarmiento. A diferencia del resto, Techint goza desde hace años de un fuerte apoyo de los grandes medios, logrando permanecer al margen del tembladeral brasileño, a pesar de haber hecho allí numerosas obras e incluso ser dueño de Usiminas.
Sin embargo, todo parece quebrarse con la denuncia de la procuración del país vecino por el supuesto pago de coimas a un funcionario de Eletrobras, responsable de la licitación de la central nuclear Angra III, en la que Techint fue uno de los proveedores. El mecanismo consistía en contratar a una empresa de marketing que era de la misma persona que autorizaba los pagos.
Ahora los cañones estarían apuntando a los gasoductos cordobeses con algunos antecedentes que preocupan tanto al mundo Techint como al peronismo cordobés. Es que Odebrecht y la gran T tuvieron una intensa relación hasta el famoso caso Skanska. Los brasileños subcontrataron a Techint en varias ocasiones. Los más polémico es que las obras eran encargadas por TGN, la transportadora de gas donde Techint tiene mayoría. Es decir que estaban de los dos lados del mostrador: decidían técnicamente la obra, que se pagaba con fondos nacionales, para luego ser subcontratados.
“Techint es accionista de TGN y en ese momento era quien decidía en el directorio de TGN qué empresa tenía capacidad técnica para hacer las obras y era quien aprobaba los valores cantidades y precios”, rememora un técnico que conoció de cerca aquellas negociaciones. Carlos Bacher, mano derecha de Paolo Rocca era el hombre fuerte de los gasoductos y quien dicen manejaba la relación con Odebrecht. Bacher también mantiene una larga amistad con de la Sota.
Ante la inminencia de datos provenientes de Brasil que amenazan seriamente a su gobierno, Schiaretti ratificó la contratación de Odebrecht y sostuvo sin dobleces que “en Córdoba no ofrecieron ni un mango”. El diputado radical y presidente del interbloque Cambiemos, Mario Negri, no piensa lo mismo y exigió la revisión de la obra, algo razonable, al ser una licitación que condujo Fabián López, ex colaborador de José López, el secretario de Obras Públicas kirchnerista famoso por llevar 9 millones de dólares a un convento.
El tema no será ajeno a la campaña electoral. No son pocos quienes aseguran que la decisión de De la Sota de no competir es parte de un acuerdo con el gobierno de Macri a cambio de que no explote el escándalo de los gasoductos.






































Por @Marina_Ulloa, periodista “…El ex gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, había hecho una campaña electoral millonaria con dinero de la firma brasileña en 2011, cuando accedió a su tercer período como mandatario provincial…”
Lo que sigue a continuación corre por mi cuenta. Vamos aclarando el panorama. Cuál sería la razón de ese “pase” de sello partidario. Sencillo, diluir y dividir al Kirchnerismo local.
Tomás Méndez (ADN) actual concejal en la Ciudad de Córdoba. Se presume y solo eso por ahora que parte de ese dinero fue para financiar la campaña de Tomás Méndez así poder competir en política e intentar ganar en el 2015 la Intendencia, el primer lugar en el Palacio Municipal 6 de Julio, sede de la Municipalidad de la Ciudad de Córdoba. Téngase en cuenta que el ex gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota (Unión por Córdoba UPC) para facilitarle el caminito en política a Tomás Méndez le cedió “gentilmente” el sello partidario de Alfredo Keegan (APEC, Acción para el Cambio) ex candidato a Intendente por Unión por Córdoba (UPC),del riñón de José Manuel de La Sota. Coincidencias?