El embajador argentino en Francia y reemplazante de Susana Malcorra en la cancillería, Jorge Faurie, no trae tras de sí un currículum que lo deje bien parado. Un mal comienzo si se quiere a pesar de que es un diplomático de carrera.
Faurie fue muy cercano al círculo de poder de Carlos Menem en los noventa, tan cercano que fue involucrado en una denuncia junto al secretario Privado de Menem, Ramón Hernández.
Mientras el escándalo se mantuvo oculto, Faurie no tuvo mayores problemas. Ocupó numerosos cargos de importancia en el escalafón diplomático. Incluso fue designado vicecanciller por Carlos Ruckauf cuando éste fue designado al frente de la cancillería por el ex presidente Eduardo Duhalde en enero de 2002.
El escándalo se destapó poco después de su designación y alcanzó tal magnitud que Ruckauf se vio obligado a echarlo, luego que lo denunciara la Oficina Anticorrupción por el escándalo de las cuentas menemistas en Suiza.
El designado canciller fue socio de Ramón Hernández en Costes S.R.L., una sociedad creada para poner un restaurante mexicano en el salón Tattersall del Hipódromo de Palermo, privatizado por el ex presidente Carlos Menem.
Ademas Faurie fue director de Ceremonial de la Cancillería y en usufructo de ese cargo fue quien autorizó la renovación de pasaportes diplomáticos a personas como el propio Hernández, Zulemita Yoma (hija del ex presidente Menem) y al mismo ex presidente. Ese tipo de pasaportes permite pasar las aduanas sin control en los aeropuertos de prácticamente todo el mundo.
Un personaje digno de una administración conflictiva y envuelta en escándalos de corrupción como el de Cambiemos.




































