Por Guadi Calvo (*)
Conocidos los resultados de las elecciones francesas, que llevaran a una segunda vuelta el 7 de mayo el neoliberal Emmanuel Macron (En Marcha!) y a la ultraderechista Marine Le Pen (Frente Nacional) podremos especular sobre cuánto ha incidido en ellas la acción solitaria de Karim Cheurfi, el francés de 39 años con un pasado delincuencial bastante frondoso, que lo llevó a pasar 15 años en prisión y que el último jueves saltó a la fama mundial tras matar a un policía, herir a otros dos agentes y a un peatón tras lo cual fue abatido en plena Champs Elysées.
Como es de práctica el Daesh se atribuyó el ataque sin que realmente nadie pueda comprobar que la especie sea cierta, ya que es su política de marketing de los califatos, atribuirse cualquier acción en búsqueda de nueva adhesiones. Según el portal wahabita Amaq, el Daesh afirmó que el supuesto atacantes se llamaría Abu Yusuf al-Beljiki (el belga).
Sin duda, aunque no sepamos quien, alguno de los once candidatos presidenciales franceses fue beneficiado con dicho ataque. Era más que previsible que una acción similar se produjera por estos días. La cuestión ahora es saber quién realmente ha alentado a Cheurfi a semejante acción.
¿Fue realmente, como ahora dicen los investigadores, que el atacante solitario se radicalizó a espaldas de la propia policía o hubo algún elemento que poco tiene que ver con la religión y mucho con la política que le puso el fusil automático en sus manos y lo mandó de paseo a Champs Elysées?
Cheurfi tiene el perfil de miles de franceses de origen musulmán, que no han aceptado dócilmente las reglas francesas de sumisión y han encontraron en la delincuencia común una manera de ganarse la vida y por qué no de hacer respetar sus derechos, atropellados a diario por la policía.
De él se sabe poco, más allá de un odio patológico a la policía. En abril de 2001, con 23 años, Karim Cheurfi ya era un viejo conocido de las autoridades por delitos menores. Sus desgracias comenzaron con el robo de un auto en Roissy-en- Brie (Sena y Marne), con el que tuvo un accidente de tránsito, por el que terminaría en una pelea con un policía a quien le robó su pistola e intentó asesinarlo, disparándole en un pulmón, una pierna y en un pie. En aquella pelea también intentaría asesinar a las dos personas con quienes había chocado.
Cheurfi será rápidamente procesado por intento de asesinato y encarcelado por 15 años. En 2009, tras un altercado con un compañero de prisión, se le agrava la pena con otros 18 meses de prisión.
El ataque del último jueves parece seguir la línea de low cost: simplemente detuvo su auto en un semáforo, bajó y disparó con un arma larga y cuando intentaba huir lo alcanzó una ráfaga policial. Posteriormente en el auto, que era de su propiedad, se encontraron un fusil calibre 12, dos cuchillos de cocina, un secador (?), un Corán y varias anotaciones que detallaban las direcciones de las comisarías cercanas además de un manuscrito en defensa del Daesh.
Dos días antes del nuevo ataque en París, en Marsella habían sido detenidos Clément Baur, de 23 años y Mahiedine Merabet, de 29, a la salida de un apartamento donde había una importante cantidad de armas y tres kilos de explosivo TATP, ya listo para usar, a base de triperóxido de triacetona y peroxiacetona, de muy fácil elaboración. Los dos detenidos estaban siendo vigilados por la policía al punto de que sus fotografías habían sido distribuidas entre los encargados de seguridad de los candidatos.
El Ministerio del Interior informó que los detenidos estaban preparados para una acción “inminente”, lo que obligó a aumentar todavía más las medidas de seguridad. El miércoles, el Ministerio informó que todo estaba listo para garantizar la seguridad durante las elecciones al tiempo que advirtió que “el riesgo de atentado nunca ha sido tan alto”.
Quién venza el próximo 7 de mayo deberá asumir que su prioridad de gobierno será resolver la cuestión de la seguridad, ya que tomando a Karim Cheurfi como prototipo, no cabe duda que los ataques se repetirán con más o menos suerte yse reiterarán las acciones como las del último jueves, quizás con más frecuencia.
Francia sufre una ola de atentados imparable desde el 7 de enero de 2015, cuando fue atacada la redacción de Charlie Hebdo. Hasta el último jueves la cifra alcanza 231 muertos, cientos de heridos y una sociedad perturbada, a la que el simple estallido de un vidrio le genera una inquietud agobiante.
La periferia como centro.
Los barrios periféricos de las grandes ciudades de Francia, los famosos banlieue, se han ganado una connotación mucho más negativa que su traducción literal, “suburbio”, para entenderse como barrio marginal, pobre y peligroso. Es de allí de donde ha salido la mayoría de los más de 2 mil jóvenes franceses de origen musulmán que viajaron a Siria e Irak para ingresar al Daesh.
Fueron en esas mismas barriadas que se produjeron las graves protestas del 2005, donde quizás muchos de esos jóvenes, hoy radicalizados, pedían condiciones más dignas de vida o simplemente dejar de ser el blanco móvil de la policía racista. En uno de esos suburbios exactamente el de Seine Sant-Denis, fue donde nació, se crío y se hizo criminal Karim Cheurfi.
En octubre de 2015, Cheurfi fue liberado pero sigue tutelado por un juez de ejecución penal del Tribunal Superior de Meaux. Según el mismo declaró, viajó sin autorización a Argelia para casarse y ni la fiscalía ni la policía consideraron grave a este hecho.
Fue detenido el 23 de febrero por la policía judicial de Meaux, tras ser acusado de amenazas y una presunta radicalización. Las investigaciones confirmaron que había comprado armas, cuchillos de caza, Serflex, máscaras y una cámara Go Pro. Pero al no presentar signos de radicalización, durante sus años de prisión, según el fiscal François Molins, fue puesto otra vez en libertad.
En marzo, el fiscal de Meaux pasa el caso de Cheurfi a la fiscalía de París y ordena la investigación a la Dirección General de Seguridad Interna (RPS), para la que Karim Cheurfi no estaba radicalizado. Y quizás la RPS tenía razón, no estaba radicalizado sino resentido por el maltrato a los que la mayoría de la comunidad musulmana es sometida. Recordemos el brutal ataque policial sufrido por Theo Luhaka, un ciudadano francés de 22 años, el 2 de febrero, cuando salía de su casa en Aulnay-sous-Bois (Seine-Saint-Denis) (Ver Francia: La escoria llama de nuevo) el mismo barrio donde vivía Karim Cheurfi.
Parece que nada hace replantearse, ni a Francia ni a Europa en general, que ellos han sido los responsables por acción y por omisión de que miles de jóvenes ya no solo musulmanes, sino inmigrantes o hijos de inmigrantes en general, sean explotados y marginados, amenazados por el desempleo, el hostigamiento policial y los discursos xenófobos y neofascistas. Estos han dejado de tener al judío como chivo expiatorio y ahora la víctima propiciatoria ha pasado a ser el musulmán.
A pesar de todo, hoy el Islam tiene cada vez más presencia que el catolicismo o el protestantismo en muchas regiones de Europa. En Francia y Alemania existen más musulmanes que cristianos practicantes, tanto en los pueblos como en las grandes ciudades. El Reino Unido también tiene esos números. En Francia se están construyendo 150 mezquitas nuevas, lo que habla claramente del crecimiento del Islam.
Las leyes francesas prohíben los censos por religión y otros ítems personales, por lo que no existe un número cierto, aunque se supone que el país tiene un 7% de población, musulmana, es decir unos seis millones. Algunos de inmigraciones recientes, aunque la gran mayoría pertenece a familias con tres y cuatro generaciones francesas, a pesar de ellos musulmán, pero siguen siendo sinónimo de extranjero, cuando no lo es directamente de terrorista.
Cuando, como muchas veces ha sucedido en Francia y otros países de Europa, alguien comete una masacre inmediatamente se ponen las culpas afuera. Quizás alguna vez las sociedades deban preguntarse qué han hecho ellas para generar tanto odio.
Son apenas un par de semanas lo que Francia deberá esperar para elegir al sucesor de François Hollande y las posibilidades que alguien apele al factor terror está más abierta que nunca, por lo que habrá que estar muy atentos.
* Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.




































