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Periodismo siglo XXI: "A la manipulación y propaganda hoy le llaman pos-verdad"

Por @mdbartolome

La Agencia Española de Noticias EFE acaba de entregar en Madrid los Premios Internacionales de Periodismo Rey de España en su 34ta. edición. Nunca nos hemos detenido en la entrega de premios de este tipo y menos aún cuando quienes los entregan nada o poco tienen que ver con el periodismo local.

Hecha la aclaración, al grano. Durante el acto, el presidente de la agencia José Antonio Vera, pronunció un discurso que, en los tiempos que corren, contiene conceptos y definiciones interesantes e importantes respecto de los objetivos del periodismo y de la manera de ejercerlo. Y que, traspolados y aplicados a la realidad que nos rodea hoy día, tienen plena vigencia.

No compartimos en su totalidad los lineamientos de ese discurso. Pero sí aquellos conceptos que aplican, precisamente, a las formas en las que se ha dejado de ejercer el periodismo. A los intentos de tergiversar el noble ejercicio de esta profesión. Y sobre todo a las maniobras para disfrazar de “verdadero” a lo que simplemente es manipulación informativa. Eso a lo que hoy día se denomina pomposamente “posverdad”.

Dijo Vera en su discurso:

Cuando estudiábamos en la facultad, cuando hacíamos las primeras prácticas de redacción en una Redacción, aprendimos de nuestros mayores que para informar es obligatorio contrastar las noticias con las fuentes con ánimo de buscar la verdad.

Sabemos todos que la verdad pura y absoluta es difícil de encontrar, pero también entendemos que para informar con veracidad es imprescindible trabajar la información, someterla al contraste de pareceres, escribirla con ánimo de trasladar lo que ocurrió tal cual fue, lo más aproximado a la realidad, nunca como nosotros creemos que debió ser y menos aún como nos hubiera gustado que fuese.

La objetividad total y pura es difícil de alcanzar, es cierto. Pero no es menos cierto que sí se puede y debe practicar lo que podríamos denominar “la subjetividad honrada”, una manera de proceder estrictamente profesional, basada en el ánimo de informar buscando siempre la verdad.

Vivimos un tiempo presente, señoras y señores, en el que al paradigma clásico del Periodismo, en el que el informador podía identificar las fuentes y controlaba el soporte técnico, a ese paradigma, digo, se le han incorporado ahora actores nuevos (como son los intermediarios y las redes sociales) que en ocasiones dan lugar a la difusión de contenidos pretendidamente noticiosos creados deliberadamente, a veces sorprendiendo la buena fe de los periodistas y de los medios de comunicación, para obtener determinados rendimientos ajenos a los fines del periodismo.

Por desgracia, las redes sociales, ese magnífico y directo canal de comunicación del siglo XXI, son también utilizadas a veces para la difusión de contenidos interesados, con frecuencia construidos sobre supuestos no ajustados a hechos constatables, que vulneran abiertamente las exigencias más elementales de las noticias, pues puede tratarse en ocasiones de pura rumorología, cuando no de informaciones directamente construidas o sencillamente falsas.

La exigencia de veracidad es especialmente oportuna en estos días en los que se va abriendo camino en los medios una rara mercancía que sirve algunas noticias en un envoltorio que han dado en llamar “posverdad”, sin que, para asombro de tantos, haya producido todavía el rechazo radical y unánime de la sociedad.

El quiebre de la “posverdad” abrió la puerta a la denominada “realidad alternativa”, otro subterfugio para negar hechos evidentes, cuando no abiertamente para abrir espacio a las informaciones impostadas, asunto al que tanto tiempo dedican estos días los periódicos a raíz de los “hackeos” de los sistemas informáticos de medios y de organizaciones económicas y políticas, y de la premeditada difusión de “fake news”, noticias interesadas o adulteradas, para interferir en la vida y en los procesos electorales de terceros países.

Y es que Orwell fue profético. “El concepto de verdad objetiva está desapareciendo de nuestro mundo”, dijo: “las mentiras pasarán a la Historia”. Por desgracia, hay que recordar que esto que modernamente se llama “posverdad” siempre existió y que cuando triunfó en los años treinta sus consecuencias fueron nefastas para el mundo. Le llaman “posverdad” a lo que otrora fue sencillamente manipulación y propaganda, desprecio por los hechos y por la información veraz y contrastada, anteponiendo argumentos de pura conveniencia política.

La “posverdad” es en realidad el culto a la no verdad, el amarillismo y la contrainformación con ánimo de influir en la vida pública y en los ciudadanos. Los hechos son los hechos y son sagrados.

Haga el lector el olvidado ejercicio de la comprensión comparativa de una lectura. Aplique estos conceptos a la realidad que nos circunda. Busque ejemplos que se adecuen a los enunciados antes descriptos y verá, no sin sorpresa, cuantos puntos de contacto hay no sólo en nuestro país.

Nuestro asolado subcontinente tiene una larga y dolorosa historia de manipulación y desinformación para fines inconfesables. Pero suba un poquito más al norte y verá que el otrora “paraíso de la libertad” ya no nos va en zaga. No son únbicamente estos lugares alejados del resto del mundo los que sufren los embates de la pretendida “posverdad”. Más de medio planeta lo padece. Y las consecuencias están claramente (al menos para quien esto escribe) a la vista.

En lo que a nosotros se refiere, ¿qué otra cosa que no sea manipulación y mentiras realizan cotidianamente los medios que integran la cadena nacional de protección al presidente Macri y sus ministros? El conjunto cada vez más insolente e inopinado de mentiras y relatos destinados únicamente a resguardar al gobierno es cada vez más indignante. No sólo para quienes ejercemos el periodismo sino y sobre todo para los consumidores de tanta basura mediática.

Posverdad. Palabra indigna para pretender ocultar lo que verdaderamente practica hoy el periodismo que domina la escena mediática argentina. Basura. Mentiras, Operaciones. Libelos. Información inventada. Más que posverdad, antiperiodismo.  Gracias a esa práctica deforme del noble ejercicio de informar es que hoy día, como diría el enorme Joan Manuel Serrat, en una bellísima canción suya del año 1982, “el mundo ha caído en manos de unos locos con carnet”. Por casa tenemos a unos cuantos…no es cierto?

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VíaMARCELO BARTOLOMÉ
FuentePORTAL DE NOTICIAS
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